El amor a los hilitos

Todo lo que sea un hilito o se parezca... ¡me enloquece! Mi mamá dice que tengo “fijación oral”, y que me va a llevar a un psicólogo veterinario para descubrir qué momento de mi infancia me impactó tanto como para desvivirme por un hilito. Lo que ella no entiende es que la fijación oral me durará toda la vida y que no hay ningún motivo escondido detrás de eso. ¡Simplemente me gustan! Si voy a un psicólogo y descubro que amo los hilitos porque me recuerdan a la teta de esa perra que dicen que alguna vez fue mi mamá (¡una perra! ¿se dan cuenta? ¡Yo, hija de una perra!). No me importaría el hilito. Lo que no quisiera escuchar es que soy hija de una perra, sí, un animal de cuatro patas que mueve la cola. ¡Yo, Franca!¡Hija de un animal! ¡No! Jamás iría a un psicólogo. Si la felicidad es una mentira, entonces, ¡¡miéntanme!!!







